Ménades Marchitas

Las Ménades de Rocha

Texto por: Jasmín Cacheux – escritora.

Las palabras pesan cuando la imagen abraza y seduce. Vista y tacto quedan encantados a un tiempo; los ojos por la imagen sugerida; el tacto, sin embargo, por aquello que nos ha tocado, adentro, a partir de lo que miramos, y vuelve convertido en caricia. Así las Ménades de Rocha, quienes no aceptan conscripto, rebeldes, delirantes, seres femeninos desafiantes y a un tiempo conocedoras de su espacio.

La artista Rocha presenta a las modernas guardianas del culto a Dionisio: ironías de lo femenino en la sociedad; sensibles paradojas que oscilan hasta llevarnos a la última etapa de lo imaginario, las flores marchitas. Las ménades de Rocha transitan de lo sublime a la danza de la transgresión; las ménades de Rocha, rebosan sensualidad, erotismo, voluntad, atrevimiento; las Ménades de Rocha…este culto por lo femenino desde lo femenino, es la llama con la cual la artista ilumina el escenario del placer, del libre transitar de estas mujeres empoderadas, creadoras y perpetradoras de su propio universo.

Los grabados se yerguen ante nuestra mirada, simultáneamente algo se detiene en el espectador, la sensación inexacta de reconocer a las Ménades, halladas en la obra de Sheila Rocha, pero vividas en lo cotidiano y que hoy la artista las devuelve del anonimato. Sin duda, al mirar las Ménades podemos reconocer algún gesto, y entonces aceptarlo: las Ménades están por todos lados, mujeres al fin, decididas, reclaman ser pronunciadas, asumen y defienden su nombre, su individualidad, el derecho a ser, y la irreductible obligación de vivir para ello.

La imagen asciende ante nuestros ojos y la palabra, entonces, emana. Ya no es Dionisio a quien se le rinde culto, las Ménades de Rocha se han constituido en símbolo y representación de quienes sólo a sí mismas se pertenecen, porque es posible - aunque no sea probable – que las Ménades se rindan culto, se divierten, sabedoras que la piel es pétalo y el tiempo corto.